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jueves, 14 de julio de 2016

Zafaduras

Antes Brucilda creía disparates, empeñándose ferozmente, guiándose hacia increíbles juramentos kantianos. Luego, menos necia, optó por quedarse riendo sobre todo, ufana, vanidosa, wagneriana. Xilofoneando, yació zafada.


martes, 8 de marzo de 2016

El autobús

Helaba como sólo hiela en Apizaco, el frío y la prisa me obligaron a vestir saco y sweater, bufanda y guantes; por si fuera poco, cargaba una enorme mochila y una llamativa bolsa de mano café mientras corría hasta la parada de autobús. Siempre he encontrado peculiares sus olores, sobre todo con mi perruno sentido del olfato. Me huelen a polvo rancio y a como si estuviera escurriendo del techo una plasta de almas humanas. “Buenas tardes”, le digo al conductor, quien me responde con su chimuela sonrisa. Me acomodo en el primer asiento y dejo descansar mochila y bolsa a un costado.


En el espejo retrovisor veo a un hombre alto y muy delgado vestido de negro, se me figura a un alma atormentada, algo así como un buitre bien adiestrado para la convivencia social; es bien dotado física e intelectualmente (lo presiento porque lleva ‘la insoportable levedad del ser sobre las piernas’), también ha de ser talentoso, pues carga una pintura al óleo cubierta con una tela blanca. Se ve callado y malhumorado, ¡Qué amargura! pienso, es un hecho que este enclenque buitre es menospreciado en su círculo social, sus compañeros artistas lo recriminan por no atenerse a las técnicas tradicionales de pintura y él les responde con la mirada altiva y rencorosa. No dudo que de pequeño fuera molestado por sus compañeros, quienes le hacían caricaturas de su larga figura en la contraportada de sus libretas, las niñas tiraban de su grasoso cabello y los profesores se reían de él a escondidas. Los adultos pueden ser muy crueles.


Aquel rebelde siente mi mirada y posa sus ojos en el espejo retrovisor, desvío mi atención inmediatamente. Ese hombre amargado debe ser de aquellos que cuando te besan se disculpan o te atarantan de lo mucho que te preguntan si te gustó. A su lado se sienta una señora regordeta de abrigo rojo. Se parece mucho al joven de manos pequeñas y carácter de buitre, quizá sea su madre, pero a él le avergüenza tanto su mal gusto en moda que le pidió que fingieran no conocerse. Y no lo juzgo, la señora, además de un abrigo rojo cereza, viste una blusa amarillo huevo, unos leggins blancos y un bolso oscuro. En cuanto la vi pensé en hamburguesas, era como tener enfrente al mismísimo Ronald McDonald, pero alimentado un poco de más.




La señora y su hijo no se hablan, él la juzga por sus atuendos y ella a él por sus desfiguradas pinturas. Seguramente, para molestarla, pinta mujeres desnudas y cosas blasfemas; tampoco se come los platillos que le prepara y ella termina comiéndose esa porción. Estoy mareada, se me ha hecho largo el camino y pensar en hamburguesas chorreando grasa me revolvió el estómago. Trato de fijar mi vista en frente, pero mis nuevos vecinos son una distracción, un chico y su novia están en los asientos de al lado.


Mi fila es individual, la de ellos doble. Van tomados de la mano, pero la chica lo suelta para responder un mensaje; él se inclina con la intención de verlo, ella se hace a un lado sutilmente. Para su novio no fue sutil, fue como una bofetada, escucho cómo le dice agresivamente: “¿Con quién hablas?”, y la pobre muchacha abre tanto sus ojos que parecen pelotas de ping pong. Hasta yo me espanto, me arrimo hacia la ventana y espero ver salir volando ese celular. Si platica con un amigo no tuvo por qué tratar de ocultar lo que escribía. ¡Qué cinismo!, suelto una risita y ellos me miran feo. Disimulo quitándome el saco, estoy sudando de tanta presión, en cualquier momento voy a presenciar una dramática ruptura. ¡Un tope! El celular cae al piso, el chico lo toma y su novia trata de quitárselo por la fuerza.


El autobús frena bruscamente y mi mochila rueda un escalón. “Aquí bajo” digo triste al llegar a Tlaxcala, aunque tentada a esperarme una parada más con tal de ver cómo terminan las historias. Me pregunto si el buitre y Ronald McDonald al bajar se irían por lados separados o si caminarían juntos hacia una misma casa; y si el inocente celular saldría volando por la ventana o alguno de la parejita acabaría con un ojo morado. Aquí no hace tanto frío y yo me veo chusca con tantas prendas, miro alrededor y me doy cuenta de que me equivoqué de parada, “Qué tonta”, balbuceo, aunque con una sonrisa traviesa coloreando mi rostro, pues estoy segura de que una parte de mí quería otro trayecto, uno donde halle personajes diferentes, quizá más llamativos, más amargados y menos gordos, menos locos, pero todavía más entretenidos.

(Mc con el mundo en las manos
por
Constanza Coneza)


jueves, 31 de julio de 2014

Hasta que Vuelvas a Sucederme II


Creí que nunca volverías a sucederme, pero ahí estabas, un año después; toda una vida. No te esperaba ni te espero ahora, pero nadie pudo nunca sacarte de mi cabeza, bueno, quizá uno, pero al igual que tú, se fue sin decirme nada. 

No sé en qué momento tomaste ese gusto por las fiestas, ni en qué momento el destino empezó a mofarse de mí, a degustar mis momentos ridículos o excepcionalmente barbáricos, y absolutamente inverosímiles; mejores que cuentos y condenados a la eterna estancia en mi memoria o en mis letras, porque son demasiado extraordinarios (por no decir abrumadores, entre otros adjetivos) o porque sencillamente mis oyentes nunca los creerían. Si el destino fuera una persona, como alguna vez Lewis Carrol dijo que lo era el tiempo, se habría revolcado de la risa esa noche.

Como de costumbre, estaba buscando a alguien, pude haber buscado a quien sea, menos a ti y menos en ese lugar; buscaba a una amiga en la casa de una amiga como a las 2:00am, porque su torpeza me metió en un lío (le dijo a sus papás que yo la regresaría a casa) y después de escaparse de una simple reunión, nos hizo a todos perder la cabeza. La encontramos, eso no importa, lo importante es que yo fui la elegida para entrar en el barbullo y sacarla a rastras. 

Conocía a la mayoría de las personas a mi alrededor, pero ninguna me daba pista de su paradero exacto; me asomé a una habitación y vergonzosamente me topé con dos chiquillos durmiendo; cuando me volteé había alguien ahí, un señor enojado porque abrí la puerta y lo único que se me ocurrió decir fue "que les estaba echando un ojo". No soy muy ingeniosa en este tipo de circunstancias.

Llegué al jardín y observé un círculo de hombres jugando "beer-pong", pegados hombro contra hombro. Mi mejor amigo llegó corriendo tras de mí y me dijo:

-Sophie, ¿Por qué tardas tanto?

-No encuentro a Mónica, no sé dónde se metió. ¿Será que mintió otra vez y se fue a otra parte?

-Nah, debe estar viendo cómo juegan, voy a ver.

Cabe recalcar que mi mejor amigo es gay, esto es sumamente importante para denotar lo hilarante del siguiente evento. Él se fue a asomar al tumulto ebrio alrededor de una mesa de ping pong, yo volteaba a los alrededores por si veía a Mónica escabullirse a mis espaldas, cuando una carcajada estridente llamó mi atención, vi la espalda de mi amigo no tan lejos y fui a ver cuál era la payasada o el payaso, según se ameritara.

Olía deliciosamente a whiskey, el pasto estaba húmedo y las luces alumbraban lo suficientemente bien la puesta en escena de mi odiado Destino. En cuanto sostuve a mi amigo por el brazo tú volteaste, los pelos se me pusieron de punta, estabas borracho, ¿qué digo borracho?, ¡borrachísimo! y me veías con los ojos entreabiertos, todo colorado. No sé qué cosa me dijiste o me intentaste decir; mi mejor amigo (de quien seguramente había sido la carcajada al verte de esa manera) se alejó de ti unos pasos pero tú lo regresaste a su lugar. Todavía pienso que fue un delirio lo que presencie, un juego otorgado por mi mente o una broma de ustedes dos, porque lo agarraste rápidamente y le plantaste un beso en la boca, el muack estridente me aturdió, mi amigo se giró hacia mí, confundido, retrocedimos y me dijo impaciente:

- Tengo que explicarte qué fue lo que pasó, no quiero que creas que...

Entonces lo interrumpí y lo abracé, sin saber si tirarme al piso de la risa, si llorar o hacer ambas cosas aleatoriamente. -No es tu culpa- le dije, y se me ahogó la voz. Pero no termina ahí, si tenía la esperanza de que en tu estado no me hubieras reconocido, murió cuando, como pudiste, me gritaste:

-Seguramente te la pasas con ese wey... ¡Y todavía lo besas!

Creíste que mi abrazo hacia mi mejor amigo gay, había sido un beso. Esta es la mejor definición de "ridículo" que he escrito jamás. Continuaste:

-Tú haz de creer que no me entero de las cosas.

Después dijiste algo sobre la última vez que nos vimos, en la casa de tu novia (¿ex novia?) de hecho, pero yo ya no podía seguir escuchando más, mis piernas ya habían empezado a temblarme y la cabeza me iba a estallar de tanta confusión. Me fui corriendo del jardín y me topé con Mónica en la entrada; no te volví a ver, no fuiste detrás de mí. Le pedí a mi mejor amigo que no comentara nada, lo único que más tarde se atrevió a decir fue:

-Sophie, ¿qué no viste bien?, fue un ataque de celos.

Supongo que si el señor (bufón) Destino así quiere jugar conmigo o con nosotros, si es que tú estás consciente también de nuestra situación, nos volveremos a ver hasta dentro de un año. Creí que te amaría de nuevo si volvías a sucederme, pero parece que no, ya no te conozco y lo que más me intriga de todo es de qué te enteraste como para reaccionar así. No sé quién eres, pero por favor, no vuelvas a sucederme o por lo menos cuando lo hagas, ten la decencia de que no sea igual.


miércoles, 5 de febrero de 2014

La Vez que Visité el País de las Maravillas II

Ya es momento de narrar la curiosesca segunda vez que visité el País de las Maravillas. Como había dicho anteriormente (La primera vez que visité el país de las maravillas) ocurrió el mismo día a eso de las 11:00pm cuando ya estaba sumida en mi sueño y de alguna forma (que no consigo entender, puesto que de un sueño no se ve el principio) alcanzo a recordar como inició:

Apenas hube rozado mi almohada con la mejilla, me levanté de mi cama y me dirigí al corredor. Al fondo del mismo había una puerta de madera que siempre ha estado ahí y que de ser otras circunstancias al abrirla me habría llevado a la recámara de mi hermano -donde soñé antes- sin embargo, por esta ocasión, me impresionó el notar que, al abrirla, avisté el mismo valle inmenso de la primera vez.


Yo aún conservaba mi tamaño descomunal , ¡era fácilmente tres veces más grande que los árboles! después de haber dado unos pasos en ese valle, divisé a lo lejos una peculiar casita de colores.


-¡Es ahí, es ahí!, es la misma casa, debo ir hacia allá. -Dije, señalando entusiasmada con el dedo índice, para después apresurar el paso hacia esa casita ya deshecha por mis travesuras anteriores y que aún conservaba la chimenea encendida.


Conforme me fui acercando al tropel de árboles, fui encogiéndome hasta llegar a mi tamaño natural. Después me sumergí en el oscuro y enmarañado bosque. Una vez adentro hallé senderos de colores con un letrero de madera como indicador de adónde dirigían.


No recuerdo muy bien el color del sendero que tomé ni las inscripciones en el señalamiento, lo que sí recuerdo es haberme desviado un poco del camino porque me topé con algo que atrajo mi atención: algunos árboles del bosque estaban secos y grises, desmoronándose como cenizas. Quise echarles un vistazo.


Esa región del bosque en particular parecía abandonada hace muchos años, se podía respirar el polvo y mis manos se enredaban con telarañas gigantescas por doquier. Una diminuta arañita salió de la nada. Dos diminutas arañitas. Tres... ¡Centenas de diminutas arañitas! Y esas criaturas horribles me persiguieron por ese caos de árboles disecados, la persecución comenzaba a asustarme cuando noté que llevaba algo en los bolsillos, entonces saqué de ellos un artefacto muy singular.


Este artefacto era una pequeñísima burbuja con un bichillo adentro, algo así como una mariposa. No sé muy bien que me llevó a creer que sería una buena idea arrojar estas burbujas que atiborraban mis bolsillos hacia las arañas, pero no importa, porque funcionó. Al reventarse las burbujas las mariposas devoraron ávidamente a las arañas, dándome una oportunidad de salir a zancadas de ese bosque.


Retomé mi camino como si nada, sacudiéndome un poco el vestido y arreglando mi cabello. Después de un corto lapso de tiempo, distinguí a lo lejos la entrada de un jardín.


Es bastante extraño, pero siento que estuve ahí antes, en algún otro de mis sueños extraviados, solo que en mi recuerdo la apariencia del jardín era mucho más hermosa. Entré por curiosidad, habían muchos arbustos en la entrada, de esos con los que algunos jardineros hacen figuras de animales. Había también flores de larguísimos tallos, sin embargo todas a punto de quedar marchitas. También habían personas, de piel grisácea y atuendos opacos, caminando de aquí para allá. Los miré a todos un poco extrañada... no recordaba al país de las maravillas así de triste.


En ese laberinto de jardín, tropecé con unos escalones de piedra. Al irlos subiendo divisé una placa de aspecto pesado y viejo que con letras doradas (aunque ya al borde de ser cubiertas en su totalidad por enredaderas espinosas) decían mi nombre completo y debajo, una fecha. No, lo siento, no recuerdo esa fecha.


Subí los escalones y me topé con una serie de lavaderos en cuyo interior había un cultivo de absurdas plantas. Era algo así como un invernadero. Me acerqué al primero, ¡olía terrible! era una plasta verdosa con flores de huevos podrido. Los demás cultivos tampoco eran muy agradables, tenían moho y regurgitaban, hacían flip y flap sus desfiguradas burbujas. Sin saber que hacer tomé una cantimplora rosada del suelo y las comencé a regar sin ningún fructífero resultado. Me crucé de brazos, como haciendo berrinche, hasta que una de esas personitas con traje opaco me sorpendió a mis espaldas.


-Esto es tuyo, esto es tuyo, y no tienes que preocuparte, nosotros las cuidaremos, pero ya tienes que irte, ya vienen los caballeros del rey.


-¿Quiénes? 


-¡Los caballeros del rey!


De pronto escuché el relinchar de los caballos, sus cascos a lo lejos y me asusté. Recordé (no sé cómo, ni por qué, ni sabía que se podía recordar dentro de un sueño) las figuras torpes de caballeros de armaduras plateadas con estandartes rojos (¿blancos?, o ¿blancos con rojo?) y los volví a escuchar marchando hacia mí.


- ¡Me tengo que ir, ya vienen!, pero ¿a dónde voy?


-Pues a dónde más -me dijo ese hombre burlón - vete a la casita, ¡corre!, ¡anda!, ¡ve!


Corrí, con una rapidez increíble para ser un sueño; pero no llegué a ninguna parte, porque los rayos de luz son crueles cuando pretendo seguir durmiendo y golpearon mis ojitos antes de las 10:00 am. Me revolví en los cobertores pesados, intentando mantener las imágenes en mi cabeza, para siempre; porque había sido maravilloso, tan maravilloso como lo es el País de las Maravillas.  



jueves, 19 de diciembre de 2013

La Chica del Antifaz

A la mesa de mantel blanco le sobraban nueve sillas vacías, tres platos de pastel, un par de zapatillas rosas y un arreglo floral con margaritas; la décima silla estaba ocupada por una chica con un antifaz.


A la mesa de mantel crema le sobraban nueve sillas vacías, una botella de vino a la mitad, unos anteojos olvidados y dos abrigos; la décima silla estaba ocupada por un chico de ojos color miel.

Ella le sonrió. Él, intentó sonreír, alejando nerviosamente su vista de la mesa de mantel blanco.

Fue en los jardines de la primavera, decorados con luces y telas volátiles, en los que dos jóvenes aburridos cruzaron sus ojos sin saber luego qué hacer. Mientras que el resto se entretenía en una pista de baile con actores, músicos, cornetas de plástico y guitarras inflables, botando en las mesas lo que les sobrara. Nadie, nunca, fue testigo de la noche de esa clase de amor que no se repite; cuando una chica de cabello castaño, con vestido y un antifaz verde brillante se cruza de brazos, para que el chico de cabello más claro, con camisa y grandes ojos miel se le acerque.

-Hola. -dijo él- creo haberte visto antes...


Pero la música estaba demasiado alta y ella no le escuchó bien, viró un poco la cabeza a la izquierda, confundida; acertadamente él se acercó a su oído y le dijo "ven", tomó su mano y sin resistencia caminó ella a su lado hacia las luces lejanas de los altos pinos y los rosales rosas, dejando atrás al bullicio y a las cornetas de hule. Se detuvo él de pronto, le soltó la mano, para pronunciar provocativamente y clavando la miel de sus ojos en toda ella, esto:


-Te ves hermosa con ese antifaz.


-Gracias, no pienso quitármelo. -Caminó entonces con los brazos aligerados; él la seguía riendo, burlándose de su fanfarronería.


-¿Qué?, ¿Acaso eres actriz?


-Quizá lo sea... a menos por hoy.


-A ver, recítame algo. 


Se paró en seco, con una mirada ardiente posó una mano en su cintura y la otra en el pecho frío de él. Le dijo quién sabe qué cosa y luego fingió un desmayo.


-No eres actriz, eres dramática.


-¿Ah sí, y tú qué eres, cantante?


-¡Adivinaste!


-No te creo nada, si no fuera porque estoy aburrida me regresaría de inmediato a la fiesta.


-¿Con esa gente que no conoces?


-A ti tampoco te conozco. -Ella ya empezaba a enojarse.


-Pero yo te puedo cantar. 


Ya habían dejado muy lejos a las mujeres con vestidos neón, los hombres con sombreros a cuadros, los músicos con chalecos de lentejuelas. Habían llegado a un rincón del jardín alumbrado por un largo farol y un árbol con linternas colgantes, bajo ellos yacían un columpio de madera tejido con lianas y un sillón azul rey. Evidentemente él se aventó al sillón y ella se empezó a mecer juguetonamente.


-¿Dónde dices qué me habías visto antes? -dijo la chica del antifaz, mientras tomaba vuelo.


-Pensé que no me habías escuchado.


-Sí te escuché, pero quería una escusa para que me sacaras de ahí... a ver, cantante, lúcete.


Se echó para atrás estirando las piernas y empezó a cantar, alto y armoniosamente, una canción que ella jamás había escuchado, que la hizo detener el columpio, virando su cabeza nuevamente a la izquierda, confundida. Nadie, nunca, en toda su vida le había cantando y menos así, rodeada por el rocío en el césped e iluminada por un árbol mágico, junto a un chico de ojos claros, cabello corto y hermosa voz.


Se quedó pasmada por un segundo cuando él acabó de cantar.


-No eres cantante, eres un ridículo.


-Gracias. También soy dibujante.


-No te creo.


-Me creerás si me das papel y una pluma.


-¡Toma! -De su bolsa de mano sacó una servilleta arrugada y un bolígrafo.


-Date vuelta, déjame recargarme en tu espalda. -Y dibujó medio haciéndole cosquillas, medio causándole dolor cuando apretaba el bolígrafo demasiado fuerte.


-¡Terminado!, mira.


-¿Qué es esto? -preguntó ella, mofándose.


-Eres tú.


-Qué mentiroso, esto es un tonto paisaje. -Y ciertamente lo era, había dibujado unas montañas, un río y un sol saliente con trazos rápidos.


-Tú eres como un paisaje, niña, como un amanecer... ¿Tienes novio?


-No, son una pérdida de tiempo. ¿Podrías dejar de cambiarme de tema y decirme dónde dices que me habías visto antes?


-Ya te lo dije, eres como un amanecer.


-Vas a hacerme enojar... ya dime que es tarde y a puesto a que mis papás pueden venirme a buscar o algo peor. -Se cruzó de nuevo de brazos y él soltó una carcajada enorme.


-Ven, -le dijo a la chica- te llevo de regreso.


Caminaron sin decir una sola palabra sobre el césped frío, ella estaba enfurecida y él no paraba de reír. De pronto empezaron a oírse las voces mezcladas con melodías retumbantes, los vestidos neón relucían en la oscuridad mientras que las tenues luces de la anterior serenata ya se habían perdido de vista. En una mesa de mantel blanco atisbábase una silla vacía y a sus extremos, dos papás preocupados.


-Adiós. -Dijo la chica del antifaz, desdoblando los brazos por fin.


-Espera... 


-¿Qué quieres?


-Quisiera conservar tu antifaz, por favor.


-No, adiós.


-¡Espera!, quiero un recuerdo de ti.


Lo pensó un segundo y de inmediato lo miró maliciosamente; él ya sabía lo que le iba a decir. 


-Te doy mi antifaz si tú me dices en dónde crees haberme visto antes.


-Esta bien; -y soltó un largo suspiro que hasta le suavizó los hombros.- inventé eso de haberte visto antes, sólo quería una escusa para sacarte de ahí. Quién iba a decir que tu curiosidad iba a ser tan adorable.


Sus ojos se abrieron muchísimo, expectantes de algo, de cualquier cosa que pudiera provenir de esos ojos miel... o de esos labios. Se fue quitando el antifaz delicadamente, hasta con la respiración pausada, su mirada seguía clavada en él. Finalmente extendió su mano con ese antifaz verde brillante, más brillante que cualquier luz del jardín.


-Te ves aún más hermosa sin tu antifaz...


Ella enmudeció, se sonrojó y se puso tiesa.


...Y no me has dicho cómo te llamas; ¡Pero no me digas! - tras casi dar un brinco esculcó en su bolsa de mano sin permiso para sacar una pluma. La tomó del brazo y le garabateó su nombre y un número de teléfono. -Mañana, que sea de día, puedes decirme cómo te llamas, porque algo me dice que si yo te llamara no te atreverías a contestar. 


Una mano se deslizó por su cabello castaño al mismo tiempo que una fina voz de mujer le decía "ya vámonos, te espero en el coche". Sus papás se alejaron abrazados sin  que ella pudiera articular aún palabra. Un beso pequeño le tocó la mejilla, seguido de un "adiós" en el oído. Él le sonrió vivamente y se alejó sin volver a voltear. Ella tuvo que reaccionar rápido, correr un poco y subirse al coche. Se fue en silencio todo el camino.


Cuando llegó a su casa ya eran quizá las 3:00am. Un papelito salió volando cuando vació su bolsa, era un dibujo mal hecho de dos montañas, un río y un sol. No pudo evitar sonreír bobamente al verlo, lo colocó en su buró junto a su teléfono celular. Se estaba muriendo de sueño, y con cada abrir y cerrar de sus cansados párpados ella pensaba en su chico de ojos miel y en que mañana cuando fuera de día escribiría al número rayoneado en su brazo: "Hola, soy la chica del antifaz, creo haberte visto antes."   


jueves, 11 de julio de 2013

¿Eres Normal?

Apenas voy dándome cuenta que no soy una persona normal. Junto a mi computadora hay tres diccionarios, dos libretas con apuntadores, una pluma de tinta violeta y en la ventana escurren gotas gruesas de una eterna tarde nublada. ¿Que por qué los tres diccionarios? bueno, hay el de la Real Academia de la Lengua Española, el de Sinónimos y Antónimos y el de Dudas e Incorrecciones del Idioma. ¿No les basta con esto? del lado izquierdo hay una vela encendida, un edificio de papeles planchados y con residuos de marcador, un polvoriento oso de peluche, una rosa blanca y el colmillo de tiburón que me trajo un amigo de no sé donde. 

No me preocupan tanto mis anormalidades, sólo a veces cuando acumulo vasos de agua por toda la recámara junto con el papel higiénico. Hoy acumulé cuatro vasos en mi escritorio y una botellita, como tres metros de papel higiénico y espero no se me haga vicio el acumular también la basurilla de los crayones.


 No me preocupan tanto mis anormalidades, el despilfarrar las cosas sobre la cama y terminar durmiéndome en el piso, temer bajar a la cocina porque la vi habitando un monstruo gris, el colgarme un hilo amarillo del cuello y confiarle mi alma a un trozo de plástico en mi buró. 


Escucho las campanadas de la iglesia y tomo mi cabeza con ambas manos porque me duele, trato de tronar mi cuello porque llevo horas aquí sentada respirando entrecortadamente. Me destapo, me da frío; me tapo, me da calor; enciendo la luz, necesito oscuridad; apago la luz, enciendo una vela. Escribo una palabra a la vez porque salir me asusta cuando ha llovido, escribo con comas porque con comas vivo y no he aprendido bien a poner puntos finales.


No me preocupan tanto mis anormalidades, después de todo ¿quién fijó la pauta de lo normal? una mayoría, me imagino, y un cuarto restante somos tachados de anormales sólo por seguir haciendo lo que para nosotros es usual. Nadie en el universo es 100% normal porque la normalidad son generalidades y las generalidades no tienen un 100%,  son más bien aproximaciones de lo que uno espera encontrar en el otro. 


La palabra normal se me hace una completa falacia. Ni hay cosas 100% normales ni existe una definición de normal. No puedes definirte como una persona normal cuando la palabra por sí misma carece de definición, así como tampoco puedes definirte como anormal exactamente por las mismas circunstancias. 


Son las 8:00pm y ya llegó el momento de recorrer la casa vacía. No me preocupan tanto mis anormalidades, tampoco mis normalidades y mucho menos los sueños a la hora de dormir. No me preocupa nada... las preocupaciones también carecen de definición y de explicación coherente. Por eso ya me voy a recorrer la casa. ¡Saludo a las mayorías y al cuarto restante de anormales, dulces sueños!


Oh, por cierto, ya hay página oficial en facebook:  

www.facebook.com/BellaSoledadBlog 

Gracias de antemano a todos por darse una vuelta por ahí.



miércoles, 10 de julio de 2013

Hasta que Vuelvas a Sucederme

Creí que nunca volverías a sucederme, pero ahí estabas, a lo lejos, a unas cinco o seis personas de distancia. No te reconocí, ni siquiera mi guió tu olor porque ya no olías a lo de antes; se había desvanecido tu marca personal. Sonreías a medias, en el sofá, y también ella estaba ahí, enfrente tuyo, riendo como estúpida y toqueteándote las manos. ¿Yo? llegué ahí por casualidad, la culpa del amigo de un amigo (ya saben) y el lugar estaba atascado de gente desconocida para mí, entre ellos tú, un completo extraño. Ya te lo dije, no te reconocí; no hasta que te tuve frente a frente.



Me senté en el sofá, emanaba un plagosísimo olor a alcohol por las cuantiosas copas derramadas. La música y los tacones me habían cansado y necesitaba un respiro, ¡uno nada más!, pero quién iba a imaginarse que tu voz me sonaría tan familiar, y que primero la vería a ella -con ese cabello de estropajo y sonrisa de primate- para después fijar mis ojos en ti... tus ojos, ellos permanecieron iguales, tristes y seductores ópalos con la capacidad única de desnudarme sin alguna intención.



Me reconociste, supongo, o te llamé la atención porque de pronto tu mirada se desvió de esa chaparra sin gracia y quedaste perplejo por un segundo. Me puse tan nerviosa que giré la cabeza casi dando un brinquito y cuando tuve valor para echar otro vistazo te hallabas ya de pie junto a mí. 

- ...¿Sophie?

-Ho...hola -mi voz fue como un chasquido agudo impertinente.

La sonrisa de chango esa, se puso de pie también y me hizo comprender que era tu novia. Tantos años pensé que si algún día esto me ocurriera seguramente no podría aguantar el llanto, sin en cambio no fue así; sonreí al verlos juntos porque yo mejor que nadie conocía tu soledad. 

La fiesta siguió su rumbo. Comprendí pronto que era la casa de tu novia cuyo nombre ni siquiera recuerdo; sus amigas (todas) la acompañaban; la razón del festejo me importa un carajo, lo que me importó realmente y me impactó al punto de abrirme la boca fue tu aspecto. ¡Ya no eras tú! no, ese no eras tú. No tenías ni un pelo en tu barba y sudabas una loción empalagosa que ocasionó me mareara; vestías una polo de rayas blancas y naranjas ¡Ja! que risa me dio, si tu color preferido es el negro; y lo más importante de todo ¡Rechazabas todo alcohol y cigarro que se te pusiera en la mano! bebiste refresco toda la noche y esa vieja te traía del brazo por todas las habitaciones; de la cocina al jardín, del jardín al sofá de nuevo.

Fui paciente, el amigo que me acompañaba también lo fue. Cuando la casa empezó a vaciarse me senté cómodamente en aquel sofá mojado. Ella te trajo arrastrando del brazo y se sentaron ambos en el mismo sitio. Prendió la tele en un canal de música (¡ya se habían llevado hasta las bocinas!) y en ese justo momento iba empezando ese video de Eminem con Jessica Simpson que no tengo idea cómo se llame (disculpen mis escasos conocimientos en materia musical). Ella volteó a verte y dijo:

-¡Ay, no! Jessica Simpson no me gusta.- E hizo algo que no creí que fuera a hacer, volteó a verme y preguntó si ese canal estaba bien. 

-Ammm... -empecé a decir, confundida. -A mi tampoco me gusta Jessica Simpson... ¡Espera! no le cambies, a él le gusta mucho Eminem, ¿cierto? déjale ahí.

Nunca olvidaré sus ojos de furia cuando resignadamente soltó el control del televisor. Me levanté porque mi amigo me llamó con un ademán hacia la habitación en la que estaba y noté tus ojos inquietos tratando de no perderme de vista. Sin darme cuenta, de un momento a otro ya estabas ahí, conmigo, en esa habitación de poca luz. Mi amigo acertádamente salió y emparejó la puerta. Te quedaste tres segundos sentado sobre la cama revuelta, finalmente me viste a los ojos casi con súplica y pronunciaste quedito:

- ...Sophie... te extraño. -¡Se revolvió todo en mis intestinos!

- ...Yo también te extraño.



¡Un azotón de puerta nos arrebató el ensueño! Tu noviecita estaba llorando desconsolada en el sofá con sus amigas, mis ojos se desorbitaron un poco y una de ellas te jaló violentamente dejándome sola en esa oscuridad y remordimiento a medias, no sin antes lanzarme unos ojos punzantes de asesina. 

Tardaste no más de dos minutos y cuando volviste a mi traías a la loca amiga de tu novia de ojos punzantes como guardaespaldas.

-Yo.... eh.... venía a decirte que...

Y la tipa se cruzó de brazos como esperando escucharte decir lo que debías decir. Pero volviste a tus cabales y para su sorpresa le hablaste con ese valor que siempre admiré en ti.

-Creo que es mejor que nos dejes solos un segundo, para que podamos hablar bien las cosas.

Ella sacó tanto los ojos que creí se le saldrían de su órbita. Tu novia llegó como toro embravecido decidida a gritarte, con los ojos rojos como la sangre y un balbuceo inteligible. Entre sus palabras descabelladas entendí:

-¡TIENES 10 MINUTOS, NO MÁS! ¡UN MINUTO TARDE Y YO ME LARGO DE AQUÍ! 

Se nos hizo más prudente hablar en el jardín. Las sillas estaban volteadas y la cerveza desparramada sobre la tierra. Pero estaba oscuro y eso era lo bueno, nadie podía ver cómo se besaban nuestros ojos en la distancia.

-¿Por qué dejas que ella....

-No lo sé. -Me interrumpiste y bajaste la cabeza como con pena. Encendí un cigarrillo, sonreíste, me lo arrebataste riendo y tuviste que abrir la boca:

-Ven, vámonos de aquí.

Algunas puertas traseras suelen ser muy oportunas.

Nos fuimos a tu casa, como en viejos tiempos. Una vez en tu alcoba te tapaste una chamarra negra atiborrada de cierres, te colgaste la guitarra eléctrica en el hombro y le diste un jalón al cigarro. Ahí estabas tú, de nuevo, el viejo tú con olor a ceniza, manos nostálgicas y cabello azabache. Yo te amé durante esa única canción que tocaste antes de llevarme a casa. Te amé cuando te despediste de mí con un corto beso y me dijiste que la otra ya no importaba. Y te amo ahora, entre mi desdicha porque no me llamas y sé que no lo harás porque ese eres tú, mi tentación lastimera de ojos solitarios. No llamarás, y yo procuraré no amarte hasta que vuelvas a sucederme. 





(Ilustración por Paulo Pérez)


P.D ahí les dejo la foto de la cara de chango esa.

jueves, 27 de junio de 2013

Remembranzas y Aventuras ( O Mi Querido Blog)

Llevo aproximadamente una hora con la sonrisa de oreja a oreja. Es curioso cuando uno se topa con los diarios de su niñez, ¡Eso si se tuvo uno!, aunque todos deberían tenerlo; nada se compara con la sonrisa al revivir cuentos y desventurosas aventuras.

El diario estaba ahí, tirado. Llamando mi atención con sus páginas escritas con letras torcidas y garabatos veloces. Con olor a humedad por yacer tanto tiempo en la cámara de lo perdido y de lo que uno preferiría no recordar. Es cierto que en mi infancia sufrí, y sin embargo ¡Cómo viví!, ¡Viví muchísimo y muchísimas cosas! fueron aventuras tan maravillosas que competirían con las Stephen King cuando niño. El diario hace unos 8 o 9 años que lo escribí. Relato a penas dos semanas de mi vida. Dos semanas felices.


Había un árbol en mi escuela embrujada, o al menos yo creí perpetuamente en ese embrujo y pienso todavía lo mismo, pues la he soñado muchas veces junto a sus apariciones fantasmales. Y ese árbol fue motivo de mil juegos y de una historia peculiar sobre hechiceros y elegidos, de poderes mágicos tenebrosos y visiones del futuro. Eramos cuatro buenos amigos y le hacíamos de detectives durante todo este suspenso. Porque esa escuela siempre pareció escalofriante y se nos dio la oportunidad veces seguidas de visitarla de noche. El árbol poseía cuatro marcas y en ellas se plasmaba nuestro destino. O al menos así era nuestro juego, o al menos así crecí confiando en mis poderes mágicos de bruja o de hechicera. No me han abandonado desde entonces, aunque mis tres amigos se perdieron con los años hasta el punto de saludarnos de lejos con la mano al encontrarnos por la acera.


En mi diario abundan los sueños raros; ese don de intuir las cosas a través de dicho medio aún me persigue y yo soy de a menudo cuestionarlo. A veces tenía sueños raros nada más porque sí; alejados de la realidad cotidiana y muy cercanos a mi realidad de niña en sus años medios de primaria. Esos sí los recuerdo claramente y hasta hoy me conmueve cuando soñaba con "mi amor", y le decía a mi diario: Sólo le veo en sueños. Y le hablo. Y él me habla.  Sonrío porque sé que continúo enamorada.


Me hace feliz saber que no he perdido todo de mi infancia. Sigo siendo más o menos la misma aunque se torne más difícil ser una infanta en un mundo de adultos, no me lo tomen a mal, es que ellos siempre me parecieron unos aguafiestas. En cambio sonrío todavía con mis locuras y me pregunto si en otros 8 o 9 años sonreiré con las que cometo ahora. Espero que sí, y espero que mi amor de primaria todavía mueva mi corazón. Ese amor que se tienen los niños es como ningún otro. Es así, celoso, celoso y puro como un ángel. 


Cierro mi diario porque dos semanas de vida se leen más rápido de lo que se escriben. Gracias a dios siempre me gustó escribir y tengo como diez diarios más por leer. Más con el que escribo ahora, aquí, contigo, mi querido Blog.


(Ilustración de jacek yerka)

martes, 28 de mayo de 2013

Naranjas y un Dragón

Monólogo I


Naranjas y un Dragón


Hablemos de naranjas. Hay muchas mujeres presentes, ¡y claro! todas tenemos unas naranjas (señalando sus pechos). También veo algunos hombres hoy, ¡y por supuesto! ellos igual quieren tener unas naranjas (se ríe).

No, ya en serio, sí estamos hablando de naranjas, pero también de amor. Estamos hablando de medias naranjas. Porque todos alguna vez hemos querido una media naranja, nos hemos perdido a nosotros mismos en la búsqueda de nuestra media naranja.


Si alguna vez deseaste encontrar a alguien para que fuera la otra mitad de tu naranja; significa que tú también eres una mitad... una mitad (suspira). Y el problema de ser una mitad es que si entregas algo te quedas sin nada.  Nadie puede dar algo que no tiene. ¡Y les aseguro! que una mujer no quiere tener una sola naranja (vuelve a señalar sus pechos); y que a un hombre para nada le sirve una naranja. No, lo que todos queremos son DOS naranjas.


Entonces, mejor seamos naranjas completas; y ahora sí, podremos entregar una de nuestras mitades.


Esto te lo digo a ti, a quien no pude amar porque yo era una media naranja, y te necesitaba mucho para sentirme completa... la necesidad desgasta. Esto es para ti, que no vas a escucharme. ¡Un saludo al amor de mi vida que sepa la chingada dónde estará!... Porque todos tenemos "un amor de mi vida" y el mío no daría nada por mí. Todos tenemos un "mi amor", el problema es que "mi amor" ya tiene "su amor". Y yo aquí, llenando apenas el traje de naranja completa.


Ya no hablemos de amor, porque duele mucho. Además, existen muchas formas de amar. Si lo que quieres es nunca ser olvidado; haz que un escritor se enamore de ti. Si lo que quieres es sentirte lluvia, aire, cenizas; entonces déjate amar por un artista. Ahora que si lo que quieres es despertar feliz, sonriente, así ¡despeinado! duerme con un comunicólogo; ellos entienden todo tipo de lenguajes, ellos sí entienden  los monólogos de la vagina.


No, hablar de sexo tampoco es buena opción. ¿Por qué ahora que el sexo se volvió tan fácil, el amor se volvió tan complicado?


Mejor hablemos de la vida. A esa no tenemos que entenderla, porque ella no se esfuerza por entendernos a nosotros. La vida es como una obra de arte moderna; si buscas comprenderla, lejos de perfeccionarla, la echarás a perder. Por eso al arte no se le intenta comprender; se le interpreta, se le disfruta. Sin embargo, a veces hay algo que nos impide disfrutarla, un peso extra en el rostro que nos obliga a bajar la mirada, nos impide ver hasta nuestro reflejo propio. 


A lo mejor el día en que nos atrevamos a arrancarnos nuestras máscaras sociales, podamos portar la de guerreros. La vida se trata de sentirnos con la fuerza de un dragón para vivirla. Se trata de aplicar en nosotros mismos los consejos que le damos a otros, y que cada vez que aconsejemos lo hagamos de corazón. Se trata de que siempre se puede, pero debe hacerse una cosa a la vez. Se trata de no hacerle a nadie lo que no te gustaría que te hiciesen. 


La vida se trata de cerrar los ojos para, al abrirlos, encender al mundo con una mirada. Se trata de a veces reír, a veces llorar, pero de siempre... siempre, sonreír sin motivo. Sonrían.


Se trata de arriesgarse porque perdemos más por miedo a perder. Se trata de tropezar y caer, para aprender a levantarnos. Y sobre todo, se trata de dejar que cada momento transcurra con deleite; se trata de ser y de celebrar lo que somos.


Empero, la vida también se trata de amar (da un suspiro largo), por mucho que duela. Porque, digo, ¡sí te amo pero no me jodas la existencia!, ¡Mierda!, te amo, extremadamente, en demasía, como no debería... como no puedo evitarlo. Mi vida se trata de llegar en la noche a casa y escribirte poesías que nunca leerás; lanzarlas al viento y rezar por que un ave las tome y te las cante; que te encuentre allá, quién sabe dónde, quién sabe con quién... mientras yo, bueno, yo aquí, amándote infinitamente. 


...La vida es bella. No fácil.