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jueves, 26 de abril de 2018

Tao

"En la naturaleza, todo incremento de un proceso conduce a su inversión, es decir, engendra su opuesto que es, en realidad, él mismo viniendo hacia nosotros en contradirección. La noche empieza a medio día porque es cuando el sol está más alto, empieza a bajar. Cuando se aprieta con fuerza una barra de hierro, y se aguanta un cierto tiempo, el frío intenso se transforma en quemazón."

Tú y yo no somos ta distintos, somos como el tao, dos estados diferentes y extremos pero de una misma cosa.


miércoles, 18 de marzo de 2015

Cómo saber si él te miente

Hace algunos años, unos cuatro diría yo, escribí este pequeño manual sobre cómo reconocer cuando alguien te está mintiendo. El corolario no respeta las reglas sobre la expresión corporal ni tecnicismo alguno; es mucho más sencillo que eso, pues es su corazón quien siempre los delata. 



Cómo saber si él te miente

por Violeta Carrasco Jiménez 




Él miente, lo sé. Resulta que al hablarle me contesta tan tranquilo, confiado, pero lentamente escucho, distingo el sonido de su corazón acelerado que, con la intención de delatarlo, le golpea el pecho. ¿Y qué hago yo? qué habré de hacer sino ignorarlo, apesadumbrada ante su palpitante corazón desesperado, atemorizada de articular cualquier palabra... lo abrazo. Su corazón golpea mi pecho también.

Él miente, lo sé. Aunque sus palabras suenen ciertas, tienen eco, un eco diminuto al terminar de murmurar, suena a tristeza, a arrepentimiento. Ocultarlo con una sonrisa no servirá, ni recurrir a la distracción, al cambio de tema... me doy cuenta, sé de su error. Pero, ¿Qué hago yo? qué habré de hacer sino perdonarlo, aún sin que pronuncie esas palabras para pedir perdón; devuelvo la sonrisa, cedo a la opción de distracción.

Él miente, lo sé. Y no me importa. También yo le he mentido y sin darme cuenta. Ignoraba mi descaro, mi cinismo, mi mitomanía, ¡ignoraba mi mentira!. No podré confesarle mis engaños, no quiero hacerlo, pero tampoco quiero ocultarle la verdad; ya no me produce ningún placer.

Y es que el hecho de amar a alguien exige una entrega y confianza que creímos poseer. Nuestras suposiciones no pudieron estar más alejadas. Él miente, lo sé. Él no sabe que miento.

La idea de cambiar es persistente; sentir la flacidez de mi relación, de lo que queda de ella, no necesito nada más para admitir mis errores, pero ¿Cómo sabré si él también admite los suyos? Puedo cambiar yo, pero no podré esperar a que él cambie. Amarlo nunca  significó querer modificarlo.

Supongo que no haré nada, ¿Qué puedo hacer? podría esperar cientos de años sin ver ninguna diferencia... pero en dos meses, quizá menos, puedo cambiar yo. Aborrezco la mentira en el amor. Aborrezco a su corazón, golpéandome el pecho a través de su pecho, delatándolo, victimizándome, mátandome con su martilleo en mi interior; pues sé que no le diré nada y él a mí, me seguirá mintiendo.

lunes, 16 de junio de 2014

Un Mal Recuerdo (Inspirado en un Hecho Real)


Un Mal Recuerdo

(inspirado en un hecho real)

Escrito por:

Jehieli Nerii 

Patricia Quiroz

Omar Mozqueda

Luis David Pérez

Tita Ruiz 

Violeta Carrasco



Esperé a Ana Sofía a la salida de la escuela, ya eran las 2 de la tarde y yo estaba muy nervioso, hoy lo íbamos a volver a intentar. Ya había preparado todo, Guillermina no iba a estar en la casa, era uno de esos días en los que nunca llegaba por estar “trabajando”; teníamos tiempo suficiente.

Cuando Ana Sofía salió, me sonrió y corrió hacia a mí emocionada, cargué su mochila y caminamos juntos hacia mi departamento. En el camino íbamos callados, pero yo tenía una ligera taquicardia, secretamente el miedo me invadía. Sabía que ésta vez era la definitiva, si no lo hacía podía perderla.

Habíamos hablado de esto antes, ella siempre me pedía una explicación, pero sencillamente me avergonzaba contarle lo que me había sucedido. Es algo que nadie sabe, más que Guillermina, y ella nunca me creyó.

Al llegar a mi departamento yo estaba temblando, incluso tardé en abrir la puerta. Al darse cuenta de mi nerviosismo, Ana Sofía soltó una risita y me dijo que me tranquilizara, me tomó de la mano, entramos y fuimos a mi cuarto; se sentó en la orilla de la cama mientras yo ponía música. La última vez que lo intentamos puse una balada romántica, esta vez no sabía qué poner, no quería recordarle aquel incómodo momento.

Cuando volteé a verla ella ya se había desabotonado la camisa del uniforme, me acerqué y la deslicé hasta hacerla caer; comenzamos a besarnos mientras le desabrochaba el sostén. Decidí hacer una pausa para verla a los ojos, realmente la amaba y quería demostrárselo.  Me quité la camisa y ella empezó a besar mi cuello descendiendo hasta mi pecho, sus dedos recorrieron mi espalda y terminaron en mi cinturón, me lo quitó lentamente y bajó la bragueta de mi pantalón, yo sudaba frío, intentaba concentrarme pero los terribles recuerdos me invadían. Ana Sofía jalaba mi cabello con su mano izquierda, a su vez lamía mi oreja; de pronto sentí su otra mano en mi entrepierna, los recuerdos insistían... no pude más y la hice a un lado. Ella se levantó enfurecida, se vistió rápidamente y salió de la habitación, corrí tras ella, la sujeté del brazo y se me humedecieron los ojos. Nunca había visto tanta ira y decepción en su mirada. Le dije que lo sentía, que necesitaba tiempo, pero Ana Sofía me reprochó que nunca he podido darle explicaciones, comenzó a gritarme cosas hirientes e insinuó varias veces que yo era homosexual; me hinqué frente a ella y le pedí perdón. Ella salió del departamento y azotó la puerta. Quedé devastado, me encerré en mi cuarto, no podía parar de llorar y gritar, sentí ira y golpeé todo lo que estaba a mi alcance.

Debajo de mi cama había una botella de tonayán, recordé que la había comprado uno de los días en los que Guillermina me dejaba solo y los recuerdos empezaban a torturarme. Sentí asco de mí, de mi vida, me sentí solo y vacío, así que abrí la botella y comencé a beber.

Llegué a la conclusión de que todo lo que me estaba pasando era culpa de la puta de Guillermina; nunca supo ser una buena madre, ni una buena esposa, por su culpa mi papá nos abandonó... ¿y cómo no iba a hacerlo si la descubrió con el cerdo de su jefe? Nunca podré olvidar el rostro de ese degenerado, su espeluznante voz y menos sus asquerosas manos sobre mi cuerpo. Esos eran los recuerdos que martillaban mi mente, lo demás lo evadía, simplemente lo había bloqueado.

Lo cierto es que mi madre y su cerdo arruinaron mi vida. Justo en el peor momento escuché cómo la puerta de la entrada se abrió, era esa puta, había regresado de pasear a su perro. Me habló varias veces, pero decidí no contestar; empezó a golpear mi puerta, después de unos minutos le abrí y al verme ebrio se puso como loca, empezó a gritarme y a golpearme -su baja estatura sólo le permitía pegarme en el pecho- la apreté de los brazos fuertemente, al ver sus ojos se apoderó de mí una rabia sin igual; comenzamos a forcejear y la pelea nos llevó hacia la cocina, la cual estaba a sólo unos pasos de mi cuarto.

Ella me dijo que era un inútil, que la tratara con respeto ya que ella era mi madre. ¡No podía creer su cinismo!… ¡Enfurecí!, a mi alcance había un cuchillo, no dudé en tomarlo, su cara se tornó pálida, era blanca como la blusa aguada que traía, me dijo que lo soltara, que podía cometer una estupidez; me reí, ¡Cómo si ella hubiera manejado su vida y sobretodo su familia inteligentemente! Después comenzó a culpar a mi padre, no aguanté más y la empecé a apuñalar, cayó al piso y yo perdí el control, aun sabiendo que ya estaba muerta seguí apuñalándola.

Me senté junto a ella, sonreí, no sentí arrepentimiento, hace años deseaba verla así, ya había soñado con ver la luz desvaneciendo de sus ojos. El perro comenzó a lamer su sangre, también detestaba a ese animal, para Guillermina era más importante esa cosa peluda y apestosa que yo. Tocaron la puerta, empecé a sentir nervios, ¿qué iba a hacer ahora?, eso nunca lo había pensado. Abrí, era la chismosa de la vecina, preguntó si todo estaba bien, notó las manchas de sangre en mi playera y se escandalizó. Le dije que me había peleado con el perro porque de pronto se había puesto agresivo. Ella simplemente se fue.

Minutos después llegó la policía.



miércoles, 5 de febrero de 2014

La Vez que Visité el País de las Maravillas II

Ya es momento de narrar la curiosesca segunda vez que visité el País de las Maravillas. Como había dicho anteriormente (La primera vez que visité el país de las maravillas) ocurrió el mismo día a eso de las 11:00pm cuando ya estaba sumida en mi sueño y de alguna forma (que no consigo entender, puesto que de un sueño no se ve el principio) alcanzo a recordar como inició:

Apenas hube rozado mi almohada con la mejilla, me levanté de mi cama y me dirigí al corredor. Al fondo del mismo había una puerta de madera que siempre ha estado ahí y que de ser otras circunstancias al abrirla me habría llevado a la recámara de mi hermano -donde soñé antes- sin embargo, por esta ocasión, me impresionó el notar que, al abrirla, avisté el mismo valle inmenso de la primera vez.


Yo aún conservaba mi tamaño descomunal , ¡era fácilmente tres veces más grande que los árboles! después de haber dado unos pasos en ese valle, divisé a lo lejos una peculiar casita de colores.


-¡Es ahí, es ahí!, es la misma casa, debo ir hacia allá. -Dije, señalando entusiasmada con el dedo índice, para después apresurar el paso hacia esa casita ya deshecha por mis travesuras anteriores y que aún conservaba la chimenea encendida.


Conforme me fui acercando al tropel de árboles, fui encogiéndome hasta llegar a mi tamaño natural. Después me sumergí en el oscuro y enmarañado bosque. Una vez adentro hallé senderos de colores con un letrero de madera como indicador de adónde dirigían.


No recuerdo muy bien el color del sendero que tomé ni las inscripciones en el señalamiento, lo que sí recuerdo es haberme desviado un poco del camino porque me topé con algo que atrajo mi atención: algunos árboles del bosque estaban secos y grises, desmoronándose como cenizas. Quise echarles un vistazo.


Esa región del bosque en particular parecía abandonada hace muchos años, se podía respirar el polvo y mis manos se enredaban con telarañas gigantescas por doquier. Una diminuta arañita salió de la nada. Dos diminutas arañitas. Tres... ¡Centenas de diminutas arañitas! Y esas criaturas horribles me persiguieron por ese caos de árboles disecados, la persecución comenzaba a asustarme cuando noté que llevaba algo en los bolsillos, entonces saqué de ellos un artefacto muy singular.


Este artefacto era una pequeñísima burbuja con un bichillo adentro, algo así como una mariposa. No sé muy bien que me llevó a creer que sería una buena idea arrojar estas burbujas que atiborraban mis bolsillos hacia las arañas, pero no importa, porque funcionó. Al reventarse las burbujas las mariposas devoraron ávidamente a las arañas, dándome una oportunidad de salir a zancadas de ese bosque.


Retomé mi camino como si nada, sacudiéndome un poco el vestido y arreglando mi cabello. Después de un corto lapso de tiempo, distinguí a lo lejos la entrada de un jardín.


Es bastante extraño, pero siento que estuve ahí antes, en algún otro de mis sueños extraviados, solo que en mi recuerdo la apariencia del jardín era mucho más hermosa. Entré por curiosidad, habían muchos arbustos en la entrada, de esos con los que algunos jardineros hacen figuras de animales. Había también flores de larguísimos tallos, sin embargo todas a punto de quedar marchitas. También habían personas, de piel grisácea y atuendos opacos, caminando de aquí para allá. Los miré a todos un poco extrañada... no recordaba al país de las maravillas así de triste.


En ese laberinto de jardín, tropecé con unos escalones de piedra. Al irlos subiendo divisé una placa de aspecto pesado y viejo que con letras doradas (aunque ya al borde de ser cubiertas en su totalidad por enredaderas espinosas) decían mi nombre completo y debajo, una fecha. No, lo siento, no recuerdo esa fecha.


Subí los escalones y me topé con una serie de lavaderos en cuyo interior había un cultivo de absurdas plantas. Era algo así como un invernadero. Me acerqué al primero, ¡olía terrible! era una plasta verdosa con flores de huevos podrido. Los demás cultivos tampoco eran muy agradables, tenían moho y regurgitaban, hacían flip y flap sus desfiguradas burbujas. Sin saber que hacer tomé una cantimplora rosada del suelo y las comencé a regar sin ningún fructífero resultado. Me crucé de brazos, como haciendo berrinche, hasta que una de esas personitas con traje opaco me sorpendió a mis espaldas.


-Esto es tuyo, esto es tuyo, y no tienes que preocuparte, nosotros las cuidaremos, pero ya tienes que irte, ya vienen los caballeros del rey.


-¿Quiénes? 


-¡Los caballeros del rey!


De pronto escuché el relinchar de los caballos, sus cascos a lo lejos y me asusté. Recordé (no sé cómo, ni por qué, ni sabía que se podía recordar dentro de un sueño) las figuras torpes de caballeros de armaduras plateadas con estandartes rojos (¿blancos?, o ¿blancos con rojo?) y los volví a escuchar marchando hacia mí.


- ¡Me tengo que ir, ya vienen!, pero ¿a dónde voy?


-Pues a dónde más -me dijo ese hombre burlón - vete a la casita, ¡corre!, ¡anda!, ¡ve!


Corrí, con una rapidez increíble para ser un sueño; pero no llegué a ninguna parte, porque los rayos de luz son crueles cuando pretendo seguir durmiendo y golpearon mis ojitos antes de las 10:00 am. Me revolví en los cobertores pesados, intentando mantener las imágenes en mi cabeza, para siempre; porque había sido maravilloso, tan maravilloso como lo es el País de las Maravillas.  



sábado, 23 de noviembre de 2013

P.D Te Odio

De pronto, de la nada, en un día de sol engorroso, apareciste tú con un "hola". No cualquier hola ¡maldita sea!; fue uno de esos con signos de admiración y alegría falsa, de esos que me dejan helada por el resto del día; entre confusión, entre ira, olvidando la existencia de algo más en el mundo. Te odio.

Todo el día pensé sin pensar en nada, viendo el mensaje palpitando en el monitor; posiblemente con tu sonrisa escondida en el fondo, esa sonrisa mala con la intención de herirme, y con tu indiferencia escrita en el punto final. Esto era de esperarse, sabía que iba a dolerme... pero no sé en qué momento empezó a hacerlo. Hubiera preferido cien mil veces que te quedaras, en vez de quedarse la inspiración; me matas porque te dejo matarme, ¡me odio al dejarte hacerlo!, te odio porque ignoras que lo haces.


Sigo sentada en el sofá, muriendo bajo la lluvia, escuchando Apocalyptica con escalofríos intensos; lamentándome la ironía del amor, llorando porque no sé hacer otra cosa, porque no me dejas muchas opciones mas que llanto y un cigarrillo. De pronto se me quitaron las ganas de dormir; la luz del taburete es mi luna y tú eres mi insomnio, hecho de quién sabe qué, capaz de sumergirme en un miedo tan denso como la lluvia misma.


Contigo, sin ti, ¡no importa! a cada rato haces arder mi corazón; tú y yo tenemos algo en común por si no lo has notado, a ambos nos encanta hacerme sufrir. Ya no sé qué hacer contigo; eres mi dolor de cabeza, mi dolor de estómago (lo escribo con el corazón al borde de un estallido), eres la grieta en mi destino, la premonición inconclusa desde hace meses; eres, por lo tanto, mis ataques incontenibles de risa cuando ya no sé que sentir al respecto, eres mi "una semana más, por favor, para procesar lo ocurrido". Eres, esa es la cuestión, porque si no fueras no te vería al cerrar los ojos, no alucinaría, no me sentiría demente, no pensaría en nuestros atardeceres pendientes, ni en las pasadas lunas llenas. 


Pero me he dado cuenta de cuál es el problema. Las cosas serían más fáciles si tú y yo no fuéramos artistas; ni tú te esforzarías en querer matarme, ni yo me esforzaría en querer morir. Porque los artistas son crueles, crueles a sobremanera, y lo que odio, más que ninguna otra cosa, es que entre todos te siga prefiriendo a ti. Me importas, he ahí un problema más. Pero el mayor de todos es mi odio hacia ti; te odio por cuánto me gustas, te odio porque la solución sería que dejaras de hablarme, te odio porque te quiero querer, te odio porque eres libre de elegir y no me has elegido, te odio porque existes y te odio, con el dolor que mi alma permite, porque no te tengo... no te tengo. 



Fotografía por
Violeta Risueño.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Disculpas

Antes de que digas nada o cualquier otra cosa quisiera pedirte perdón.


Perdón por ser la clase de chica que camina mirando al piso... o al cielo. Perdón por ser la clase de chica que patea las hojas de otoño y huele flores. Te pido perdón por mi molesto amor a la historia y pasión al arte. Perdón por ser la clase de chica que detesta los centros comerciales e ir de compras.


Lamento tener una opinión para todo y una teoría para muchas cosas. Quisiera pedirte perdón por vivir en sueños, por leer tantos libros, por no poder evitar ver la arquitectura en las calles y las fotografías en los muros. Perdóname por ser silencio y por hablar demasiado. Perdóname por guardar tus fotos y por soñar contigo... ¡no controlo lo que sueño!... ¡no puedo!... no puedo.

Siento mucho, de verdad, que me perturben mis pensamientos, que me persigan mis demonios y que no deje de aprender del pasado. Te pido disculpas por mi voz, pero es que así hablo, me salen las palabras y los modos de no sé dónde, ¡de las entrañas!, ¡del ombligo si quieres!... ¡caray!, no te parece nada. Perdóname por escribirte poemas y hacerte dibujos. Sé que no lo hago bien, pero me inspirabas a hacerlo.

Disculpa mi interés por ti, por cómo fue tu mañana, por tus preocupaciones y por tus alegrías. Discúlpame, por favor, por cuando he sido lluvia, por tener el cabello demasiado oscuro, ojos grandes y observarlo todo, por hablarte de música y pedirte consejos. Me apena, como no te imaginas, haber sido contigo yo misma y haberte prestado mi tiempo.

Perdón por ser la clase de chica sincera, la que viste de negro, a la que le gustan sus clases y no duerme por hacer sus tareas. Perdón por ser la clase de chica que no se arregla lo suficiente, odia amarrarse el cabello, se pinta los labios de rojos, de rosas, de naranjas, de cafés. Perdón por ser la clase de chica que se arriesga, que enfrenta sus miedos, que disfruta... disfruta hasta de sus tristezas.

Siento mucho haberte aburrido con mis pláticas sobre estrellas, sobre hadas, sobre filosofía. Siento mucho haberte aburrido con mi gusto por el teatro, por los museos, por lugares antiguos y por los cuadros; pero ¡¿qué podía hacer?! Siento mucho no haber estado a la altura de tus temas.

Me disculpo una y mil veces por narrarte mis pesadillas, por compartir mis temores, por elogiarte, por verte a los ojos, por tomar contigo café y pasear en la tarde. Discúlpame por las risas, por permitirme rarezas y ridiculeces, por rozar tu mano y confundir tu cuerpo con fantasía.

Y por encima de todas las cosas te pido perdón por desear un abrazo, eso, un abrazo, ni más ni menos, sólo un abrazo de despedida. Perdón por llorar ahora, pero la culpa es mía desde que dije "hola".

Como sigo sin entender que habré hecho para arruinarlo, te pido disculpas por todo cuanto me pudiese faltar y quieras perdonarme o no, eso no te da derecho ¡¿me oyes?!, no te da derecho a traer colgando mi corazón en tu suela, a rascarme como se rasca una costra, ni a mofarte de mis sentimientos. No te da derecho a prometerme cosas ni a plantarme anhelos, ni a decirme princesa. ¿No puedes ser más cruel conmigo? sé que son menos mis habilidades que mis defectos; así que perdón, por última vez, por dejarte conocerme y querer conocerte, por vivir en una realidad distinta a la tuya, llena de mis tonterías y lejos de tus ambiciones. Perdóname por pensar en curar tus soledades, por quedarme a costa de mis impulsos y por quererte, poquito y bien, como nadie, ¡nadie! podría hacerlo.


martes, 6 de agosto de 2013

Recuerdo de Año Viejo

Eran casi las siete cuando ya había anochecido, la cena deslumbraba bajo el viejo candelabro y los manteles rojos ya se habían estropeado con el vino. El árbol navideño era de tres metros de alto, con esferas doradas y luces de colores, ángeles de migajón, regalos a montones por debajo,tarjetas y pastelillos de fruta. 

Toda la casa olía a pino, pero parecía que uno respiraba diamantina con tanto adorno colgado en los espejos y en las paredes. Las risas y los gritos de los niños ponían nervioso al perro, hasta que el sonido de los cohetes lo mandó a esconderse bajo el lavabo. 


Tres cestos con uvas me miraban de reojo sobre la mesa principal; una sola lágrima nauseabunda cayó esa noche, escurrió por mis mejillas coloradas y la atrapé con el dedo pulgar para seguir pensando. Pensaba en lo que fue, en lo que es y en lo que puede que sea, me percaté de que no era la persona que esperaba ser; había olvidado ya todo lo importante. Deseé en ese instante y con todas mis ganas que el año venidero fuera distinto... ¡Me había vuelto tan cobarde! y el miedo mismo me lo introduje sola. Quise llorar todo lo que no lloré en el 2008, quise recordar todo lo que olvidé a la fuerza, quise despedirme del monstruo que fui... sin sentimientos, sin culpa. 


En esa única lágrima se desechó todo. A eso de las dos empezó a darme sueño, en realidad hacía cinco horas atrás que había comenzado a soñar despierta, pero debía dormir para matar las memorias. 


Dejé la copa medio vacía, no medio llena. Dejé la hoja con mi anhelo escrito para quemarla luego, subí a dormirme con la taza de té al lado donde enjuagaría la pena para despertar en un nuevo año sin ningún recuerdo, para vivir plena, sin máscara alguna.



lunes, 22 de julio de 2013

El Monstruo Gris

Lo vi de nuevo, inherte, callado, una figura retorcida y de brazos largos, una sombra gris que se pasea de noche, sin molestarme, sin emitir ruido alguno, erizando mi piel con sus repentinas apariciones.

Todo lo que hice fue bajar a la cocina por un vaso de agua, ¿mi error? dejar a mis espaldas la puerta completamente abierta. Las luces de la cocina se hallaban prendidas todas, el resto del piso estaba a oscuras y yo había bajado sola, como de costumbre. Un frío inaudito tocó mi nuca; al torcer mi mirada paulatinamente hasta quedar de frente hacía la puerta, lo vi. Un segundo eterno. Su cuerpo gris yacía en la puerta, entre la tiniebla y la luz, y en un parpadeo más se disipó sin rastro alguno. No supe cómo reaccionar entonces, jamás he dudado que él existiera, y jamás lo había visto con tal claridad. Una niebla que se esconde en los rincones más olvidados de mi cocina y que parece estar pendiente a que no baje acompañada. 

Terminé de servirme el vaso de agua. No me atreví a llamarle, ¡Maldita curiosidad! me obligaba a ver entre esa bruma, sin embargo subí a mi habitación, bebí el agua y supe que no me atrevería a bajar de nuevo; no esta noche ni en muchas otras, pero llegará el momento en que la criatura y yo nos encontremos o al menos sé, que el me encontrará a mí.


(Ilustración por: Anton Semenov)

lunes, 8 de julio de 2013

Lección Aprendida

Supongo que les debo una disculpa por mi ausencia. Seré muy breve con mis explicaciones porque no quiero generarme un nudo en la garganta hasta después. Terminé la prepa, sí, así es ¡lo logré! y pasé cinco días en Puerto Vallarta con mis amigos, ¿hará falta decir que fueron las mejores vacaciones de mi vida? ¡regrésenme a Vallarta por favor! no les presumo, bueno, un poquito. Después me tomaré el tiempo de contarles detalles; me gusta contarles lo que ven mis ojos, a veces topo con cosas asombrosas. 

Gracias por leer mis tonterías y por escribirme... escríbanme más seguido ¿sí? mi sonrisa será de oreja a oreja. Por ahora es suficiente, la verdadera razón por la que estoy aquí es otra, no para narrarles mis aventuras, de esas que sólo me ocurren a mí. Sucede que hallé un diario más, uno de los que les había contado antes, es uno viejo, de la primaria (¡ja! cómo si fuera abuelita yo) más o menos de 6to grado, yo tenía unos 12 años y escribía... escribía porque era la única forma que conocía para vivir. Creo que todavía la encuentro mi forma favorita. Escribí en aquel diario de todo, en especial sobre amores de niños, de los de manita sudada, recaditos y besos con los ojos. Pero una sola página me mostró algo singular. Son apenas unos versos, pero de un peso terrible. Se los dejo aquí, teniendo dentro mío toda la impresión del mundo, se los dejo tal cual como lo escribió llorando esa niña de 12 años en su alcoba. Su título fue "Lección Aprendida" y  el recuerdo de tal ocasión aún retumba en mis entrañas.


Lección Aprendida  

Una vida con destino
pasado, todo olvidado
presente, perfecto
futuro, muy claro.

Un año difícil,
dos aventajados,
todo tan fácil
para mis manos.

Siempre llegar primero,
siempre comenzar por mí,
todo parecía bueno
hasta que olvidé vivir.

Amistades perdidas
siempre sin vivir riesgos,
hacer sólo lo que puedas,
sin tener que elegir caminos.

Pasear con ojos vendados,
desperdiciar la vida,
la perfección no es la clave
para tener lo que amamos.

Esta vez he aprendido algo
quizá un poco tarde,
pero si algo me quedó claro
es lo que es perder.

Palabras grabadas,
también sensaciones,
todo con pronunciar
es mi lección aprendida.



En el espejo tengo a esa niña, quizá era más fuerte de lo que yo soy ahora. No quisiera decepcionarla, porque últimamente he llorado mucho. Como que ella me alza el rostro y lo seca con un trapito tibio. Me dice que soy más de lo que pienso y que me mire en ese espejo... y a pesar del mucho dolor que llevo encima, lo hago; me miro y noto en mis ojos la verdad; ella tiene razón, la perfección te quita más de lo que te da, ¡es tan común para una mujer querer aspirar a ser perfecta! y seguimos sin tener lo que añoramos, sin en cambio. Por eso le sonreí a mi espejo, y le sigo sonriendo cada vez que paso por ahí, procurando no agachar la cabeza y pronunciando una y otra vez con voz bastante firme: Lección Aprendida.

jueves, 27 de junio de 2013

Remembranzas y Aventuras ( O Mi Querido Blog)

Llevo aproximadamente una hora con la sonrisa de oreja a oreja. Es curioso cuando uno se topa con los diarios de su niñez, ¡Eso si se tuvo uno!, aunque todos deberían tenerlo; nada se compara con la sonrisa al revivir cuentos y desventurosas aventuras.

El diario estaba ahí, tirado. Llamando mi atención con sus páginas escritas con letras torcidas y garabatos veloces. Con olor a humedad por yacer tanto tiempo en la cámara de lo perdido y de lo que uno preferiría no recordar. Es cierto que en mi infancia sufrí, y sin embargo ¡Cómo viví!, ¡Viví muchísimo y muchísimas cosas! fueron aventuras tan maravillosas que competirían con las Stephen King cuando niño. El diario hace unos 8 o 9 años que lo escribí. Relato a penas dos semanas de mi vida. Dos semanas felices.


Había un árbol en mi escuela embrujada, o al menos yo creí perpetuamente en ese embrujo y pienso todavía lo mismo, pues la he soñado muchas veces junto a sus apariciones fantasmales. Y ese árbol fue motivo de mil juegos y de una historia peculiar sobre hechiceros y elegidos, de poderes mágicos tenebrosos y visiones del futuro. Eramos cuatro buenos amigos y le hacíamos de detectives durante todo este suspenso. Porque esa escuela siempre pareció escalofriante y se nos dio la oportunidad veces seguidas de visitarla de noche. El árbol poseía cuatro marcas y en ellas se plasmaba nuestro destino. O al menos así era nuestro juego, o al menos así crecí confiando en mis poderes mágicos de bruja o de hechicera. No me han abandonado desde entonces, aunque mis tres amigos se perdieron con los años hasta el punto de saludarnos de lejos con la mano al encontrarnos por la acera.


En mi diario abundan los sueños raros; ese don de intuir las cosas a través de dicho medio aún me persigue y yo soy de a menudo cuestionarlo. A veces tenía sueños raros nada más porque sí; alejados de la realidad cotidiana y muy cercanos a mi realidad de niña en sus años medios de primaria. Esos sí los recuerdo claramente y hasta hoy me conmueve cuando soñaba con "mi amor", y le decía a mi diario: Sólo le veo en sueños. Y le hablo. Y él me habla.  Sonrío porque sé que continúo enamorada.


Me hace feliz saber que no he perdido todo de mi infancia. Sigo siendo más o menos la misma aunque se torne más difícil ser una infanta en un mundo de adultos, no me lo tomen a mal, es que ellos siempre me parecieron unos aguafiestas. En cambio sonrío todavía con mis locuras y me pregunto si en otros 8 o 9 años sonreiré con las que cometo ahora. Espero que sí, y espero que mi amor de primaria todavía mueva mi corazón. Ese amor que se tienen los niños es como ningún otro. Es así, celoso, celoso y puro como un ángel. 


Cierro mi diario porque dos semanas de vida se leen más rápido de lo que se escriben. Gracias a dios siempre me gustó escribir y tengo como diez diarios más por leer. Más con el que escribo ahora, aquí, contigo, mi querido Blog.


(Ilustración de jacek yerka)

viernes, 21 de junio de 2013

Breve Guía Para Alcanzar un Sueño

El otro día -durante uno de esos insomnios insoportables que me suceden a menudo- cierta teoría cruzó mi mente no dejándome dormir sino hasta pasada la medianoche. Teoría que definitivamente debo compartir con ustedes para que sea sometida bajo un juicio distinto al mío. Verdaderamente recomiendo pensar en las madrugadas; la oscuridad es cuna de las mejores ideas.

Escribir y pensar de noche son una necesidad mía, una necesidad fisiológica (casi) y perturbadora, que se ha vuelto parte de mi. Aquel día me asaltó una idea sobre las metas, puesto que un profesor mío (al cual le agradezco de corazón su apoyo y su empatía) me había dado un tipo de sermón esa misma mañana, me habló del éxito, y de alguna manera sin que él lo percatara, me habló también de la decepción que le dejé.

Él éxito, según me dijo, es un sendero de tres pasos:

  1. Tener muy claras tus metas.
  2. Permanecer en motivación constante.
  3. Limpiar el camino de obstáculos (todos ellos).

Me explicó cada uno de ellos ampliamente. No sin antes contar con la ocurrencia de decirme cómo fue la primera impresión que le di, al parecer creyó que sería su mejor alumna y, aunque no me lo dijo ni necesito que lo haga, sé que creyó mal. Este punto puede no ser de mucha importancia para el desarrollo de mi teoría, pero lo comparto porque me duele; siempre va a dolerme fallarle a un profesor que hace más que enseñar química, por ejemplo. 

Cada día nos deja algo más o menos crucial; a veces llegamos a olvidarlo, pero yo recuerdo mucho eso que dijo y lo que hizo por mí. No cualquier maestro te pone un nueve en su último parcial cuando en realidad sabes un seis, ni te da un sermón así antes de para recordarte que le importas. No interesa lo demás, esa breve conversación que tuvimos me dejó pasmada todo el día y parte de la noche, al parecer, empujándome a hacer conjeturas sobre mis propias metas, deprimiéndome un poco al notar que son tan pocas.

Tengo la teoría de que para alcanzar cualquier clase de meta, ¡de verdad, cualquiera!, es prudente generarse primero un hábito, una rutina. Si alguno de ustedes analizó de repente la frase "La rutina es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra.” (de El Principito) entenderán cuando digo que rutina no es sinónimo de monotonía sino de ritual, de esos que engalanan el trote de la vida. 

“Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.” Lo siento, soy algo aficionada de la citas y El Principito es de mis libros favoritos. Esta frase, además, me ayuda a asentar mejor mi ejemplo. Lo ritos siempre placenteros en un inicio conllevan a los hábitos, entendiéndose  como hábito a algo mecánico que se hace día con día sin ningún esfuerzo. Sin embargo,  cuando uno se olvida del ritual, se debe recurrir primero al tedioso recurso de la disciplina y la voluntad para tratar de forjarse (y de manera desdichada) el mismo hábito día con día alcanzando a duras penas la meta; me imagino que solemos olvidarnos de que las metas no son sólo las metas; son también el camino que se recorre para alcanzarlas y que éste debe recorrerse de igual modo con tanta delicia como la misma meta.

Espero haberme dado a entender. Las rutinas son rituales que deben emocionar al corazón, para que sea fácil para nuestra mente y nuestro cuerpo "programarse" con hábitos buenos que nos impulsarán hacia nuestras metas. Mi teoría es que esto es 100% efectivo; uno hace sus hábitos y después los hábitos lo hacen a uno. No obstante, existe una pequeña desventaja; la formación de un hábito no suele ser muy simple, empero el rompimiento de este es sumamente fácil, sólo hace falta que a uno le de flojera seguirlo llevando a cabo. Y esto me lo enseñó un muy querido amigo cuando dejó de fumar, me dijo: "Es sencillo deshacerse de un mal hábito, sólo haz que te de flojera seguirlo haciendo". Cosa que no me dijo pero que entendí después fue que es aplicable a buenos hábitos de igual forma. 


Todo esto que he escrito lo agregaría como un paréntesis o como un 1.1 a los pasos que me obsequió mi profesor. Siempre agradeceré su obsequio y a él  no podré olvidarlo porque quizá pegue esta fórmula en el empapelado de mi pared. Me siento afortunada de ser una mujer a la que le gusta pensar de noche (o que le guste o no, lo hace de todas maneras) y que siempre halla un mecanismo que le ayude a vivir esta vida loca que tiene.   

Finalmente, declaro que para cumplir mis sueños me aferraré a la teoría de la eficacia de esta fórmula. Y sugiero leer las letras pequeñitas: ¡Advertencia! las rutinas generan tanto hábitos buenos como hábitos malos. Cada uno es responsable de los placeres en cada ritual y de lo consecutivo en su práctica.

¡Ah! y una última sugerencia:


jueves, 13 de junio de 2013

¡Hay un Monstruo en mi Cocina!

Los exámenes finales me han estado matando, pero eso no explica que haya estado viendo cosas raras. No creerán que me lo estoy imaginando, ¿o sí? Además, no es la primera vez que pasa; me lo he encontrado antes y bajo otras situaciones.Esta vez no le habré visto el rostro, pero lo escuché correr.

Ayer a media tarde decidí bajar mi laptop y mi montón de hojas a la mesa de la cocina (en mi escritorio no hay espacio suficiente cuando se trata de exámenes finales) y permanecí ahí hasta que se hizo de noche. Eran quizá las 11:30pm cuando empecé a sentirme muy cansada; aún me faltaba estudiar algunas cosas y no pude poner nada de música porque sabía que  despertaría a todos los bellos durmientes de esta casa, a mis vecinos incluso. Mejor apresuré el ritmo.


La única luz encendida era la que alumbraba mi cocina; todo a mi alrededor estaba a oscuras, y como siempre la puerta abierta dejándome ver esa inquietante oscuridad. ¡Lo oí de pronto! justo cuando escribía mis últimos renglones. Alcé la vista y fue cuando lo miré pasar: un ser alto y delgado que pasó corriendo dejando una sombra rojiza detrás suyo. Me quedé inmóvil un momento. Lo escuché caminar hacia mi sala. 


Mi primera respuesta desesperada fue querer gritarle a alguien; pero, como dije, todos dormían, y en esta casa el sueño es algo que se respeta mucho (el sueño de todos menos el mío, al parecer). La única opción que quedó fue guardar todo el desastre sobre la mesa deprisa y subir callada y velozmente a mi habitación. 


Aún estoy algo asustada. Son 11:19pm y de nuevo estoy aquí, en mi cocina. De vuelta rodeada por una estremecedora oscuridad.


No he contado la primera vez. Creo que se trata de un sujeto gris, o al menos así he decidido llamarlo: el monstruo gris que habita mi cocina y sus alrededores. Aquella vez lo escuché claramente bajar las escaleras y cuando fijé la vista para saber de quién se trataba vi la misma figura alta y delgada de un gris opaco que avanzaba hacia mi sala. ¡Aún siento los escalofríos! debería irme ya de aquí... creo yo.


Debo apresurarme, no quiero un reencuentro con el monstruo gris. Tengo que aprovechar que la casa sigue despierta y que, además, ya he terminado con mis exámenes finales.



(de Luciano Mondino)

martes, 28 de mayo de 2013

Naranjas y un Dragón

Monólogo I


Naranjas y un Dragón


Hablemos de naranjas. Hay muchas mujeres presentes, ¡y claro! todas tenemos unas naranjas (señalando sus pechos). También veo algunos hombres hoy, ¡y por supuesto! ellos igual quieren tener unas naranjas (se ríe).

No, ya en serio, sí estamos hablando de naranjas, pero también de amor. Estamos hablando de medias naranjas. Porque todos alguna vez hemos querido una media naranja, nos hemos perdido a nosotros mismos en la búsqueda de nuestra media naranja.


Si alguna vez deseaste encontrar a alguien para que fuera la otra mitad de tu naranja; significa que tú también eres una mitad... una mitad (suspira). Y el problema de ser una mitad es que si entregas algo te quedas sin nada.  Nadie puede dar algo que no tiene. ¡Y les aseguro! que una mujer no quiere tener una sola naranja (vuelve a señalar sus pechos); y que a un hombre para nada le sirve una naranja. No, lo que todos queremos son DOS naranjas.


Entonces, mejor seamos naranjas completas; y ahora sí, podremos entregar una de nuestras mitades.


Esto te lo digo a ti, a quien no pude amar porque yo era una media naranja, y te necesitaba mucho para sentirme completa... la necesidad desgasta. Esto es para ti, que no vas a escucharme. ¡Un saludo al amor de mi vida que sepa la chingada dónde estará!... Porque todos tenemos "un amor de mi vida" y el mío no daría nada por mí. Todos tenemos un "mi amor", el problema es que "mi amor" ya tiene "su amor". Y yo aquí, llenando apenas el traje de naranja completa.


Ya no hablemos de amor, porque duele mucho. Además, existen muchas formas de amar. Si lo que quieres es nunca ser olvidado; haz que un escritor se enamore de ti. Si lo que quieres es sentirte lluvia, aire, cenizas; entonces déjate amar por un artista. Ahora que si lo que quieres es despertar feliz, sonriente, así ¡despeinado! duerme con un comunicólogo; ellos entienden todo tipo de lenguajes, ellos sí entienden  los monólogos de la vagina.


No, hablar de sexo tampoco es buena opción. ¿Por qué ahora que el sexo se volvió tan fácil, el amor se volvió tan complicado?


Mejor hablemos de la vida. A esa no tenemos que entenderla, porque ella no se esfuerza por entendernos a nosotros. La vida es como una obra de arte moderna; si buscas comprenderla, lejos de perfeccionarla, la echarás a perder. Por eso al arte no se le intenta comprender; se le interpreta, se le disfruta. Sin embargo, a veces hay algo que nos impide disfrutarla, un peso extra en el rostro que nos obliga a bajar la mirada, nos impide ver hasta nuestro reflejo propio. 


A lo mejor el día en que nos atrevamos a arrancarnos nuestras máscaras sociales, podamos portar la de guerreros. La vida se trata de sentirnos con la fuerza de un dragón para vivirla. Se trata de aplicar en nosotros mismos los consejos que le damos a otros, y que cada vez que aconsejemos lo hagamos de corazón. Se trata de que siempre se puede, pero debe hacerse una cosa a la vez. Se trata de no hacerle a nadie lo que no te gustaría que te hiciesen. 


La vida se trata de cerrar los ojos para, al abrirlos, encender al mundo con una mirada. Se trata de a veces reír, a veces llorar, pero de siempre... siempre, sonreír sin motivo. Sonrían.


Se trata de arriesgarse porque perdemos más por miedo a perder. Se trata de tropezar y caer, para aprender a levantarnos. Y sobre todo, se trata de dejar que cada momento transcurra con deleite; se trata de ser y de celebrar lo que somos.


Empero, la vida también se trata de amar (da un suspiro largo), por mucho que duela. Porque, digo, ¡sí te amo pero no me jodas la existencia!, ¡Mierda!, te amo, extremadamente, en demasía, como no debería... como no puedo evitarlo. Mi vida se trata de llegar en la noche a casa y escribirte poesías que nunca leerás; lanzarlas al viento y rezar por que un ave las tome y te las cante; que te encuentre allá, quién sabe dónde, quién sabe con quién... mientras yo, bueno, yo aquí, amándote infinitamente. 


...La vida es bella. No fácil.  






lunes, 22 de abril de 2013

Porque No Se Puede Convencer a un Necio


-¡Ya basta!

-¿De qué hablas?

-Sabes que ella va a romperte el corazón...

-Pues...

-Y como nunca nadie lo ha hecho.

-Pero...

-Se enamorará de nuevo, algún día; de algún imbécil que la llevará a llorar en tu hombro, mientras, con odio y sin más remedio que el de consolarla, pasarás años viéndole pensar en él. 

-No te creo.


-Créeme. Ella ama así, ama hasta que ya no puede... y ningún hombre la ha sabido amar.

viernes, 19 de abril de 2013

La Vez que Visité el País de las Maravillas

La tarde de ayer, mis primeras palabras al despertar fueron: "Estuve en el País de las Maravillas". Mi hermano se me quedó mirando, vio después su reloj y dijo: "Ya son las 8:00pm, ya levántate". Pero yo me di la vuelta y cerré los ojos de nuevo, quería recordar las cosas bien, no sólo había estado en el País de las Maravillas, sino también al Otro Lado del Espejo.

Un sueño no tiene comienzo, por lo que es difícil saber por dónde empezar. No recuerdo mucho acerca del País de las Maravillas, mas sí acerca de lo que encontré A Través del Espejo. Digamos que mi sueño se divide en dos partes: "entrada y salida" y "entrada y salida"; si en la primera "entrada" iba siguiendo a un misterioso conejo blanco, pues no lo sé; pero sé que fue lo primero que vi al entrar allí: a la Alicia incorrecta.

Un ganso vestido de traje azul, parado frente a una señora de apariencia singular había traído a una Alicia consigo.

-Esta es la Alicia incorrecta. -dijo la señora con el cuello estirado, a lo que el ganso contestó:

-Sé que está algo obesa para ser la Alicia correcta, pero es todo lo que he podido encontrar. -Y señaló tras de sí a un par de más Alicias incorrectas, todas de vestido azul, delantal blanco y un gigantesco moño negro; entre las cuales había una de ojos completamente negros sostenidos por unas ojeras hundidas.

Estaba parada en un amplio valle de un verde vibrante, donde no muy lejos empezaban a distinguirse árboles en todas sus tonalidades, desde un verde bandera hasta un chirriante color limón.

El transcurso, así como la "salida" de mi primera parada en el País de las Maravillas, no las puedo mencionar por la misma razón de antes: no me acuerdo, a pesar de lo mucho que me esfuerce.

La forma en que atravesé el espejo es algo aún lúcido en mi mente.

Seguía en ese lindo valle con algunas otras criaturas cuyos rostros son borrosos para mí ahora; llegamos a una parte donde los árboles en lugar de tener tronco redondo eran absolutamente planos, tan planos como una hoja de papel, pero con toda la textura y la estatura de un árbol real. Esos árboles tenían trazadas puertas en distintos tamaños y para poder abrirlas había primero que elegir por cuál se quería cruzar y cortar después su contorno. Una muy amable criatura me ayudó a cortar mi puerta escogida, una rama del árbol se sacudió y estiró hacia mí para rociarme un líquido negro y viscoso en ojos y boca. La rama tenía el rostro de una anciana. Acto seguido pasé el umbral junto con un pequeño grupo.

El valle se veía exactamente igual, sin en cambio nuestra apariencia se había modificado. Uno de los del grupo carecía de rostro y en su lugar llevaba una extraña cabeza lisa parecida a una paleta/dulce marrón. Cerca de ahí había una escultura de helados con cono de galleta y bolas de algodón de colores, adornadas con dibujos, estos estaban derretidos unos encima de otros y ahí nos pusimos a buscar la cara perdida de nuestro compañero. Él la halló, otros hallaron también algunos de sus miembros, en especial recuerdo haber visto unos brazos verdes; se me ocurrió probar el algodón del helado, ¡Jamás en mi vida he saboreado algo tan delicioso!

Caminamos un tramo y nos topamos con una graciosa casa de madera pintada de diversos colores. Entramos, percatándonos en unos segundos de que habíamos llegado a una fiesta sin invitación. Mesas largas llenas de comida que no me atrevería a probar cubrían los corredores, la habitación que contemplé mayor tiempo era muy pequeñita, con escaleras que subían hacia todas partes y con estantes llenos de libros anchos iluminados por el sol que entraba por la ventana de arriba.

Me esperé un rato en aquella habitación, viendo niños subir y bajar por las escaleras, pero de cualquier modo, alejándome un momento de esa fiesta de locos en el salón principal. Me preguntaba por qué habría entrado de esa forma en el espejo cuando el libro mencionaba una mucho más práctica...

-¡Oye! -le dije a una personita que se sentó en frente de mi. -Sé que estoy soñando, pero estoy totalmente consciente de estar en el País de las Maravillas, ¿me entiendes? estoy dormida, pero podré recordar todo este sueño cuando despierte, porque estoy consciente en este momento.

-Eso no es verdad. -Me contestó de manera algo burlona. -Sólo estás consciente porque estás llegando al final de tu sueño.

-¿No nos podemos quedar?

Y sacó una charola de cristal con una cuadrada tarta azul cortada en rebanadas. Me entregó una y luego se fue. La dejé ahí, sin probarla y decidí seguirla al salón principal.

En el salón ya todos habían puesto sus sillas en círculo y escuchaban atentamente a una señora de rojo (de quien vi solo la espalda) con un micrófono; al parecer estaba haciendo preguntas y entregando premios a quienes mejor contestaran. 

-¿Cuál es la mejor manera de comer pepinillo? -gritaba con entusiasmo, a lo que una niña alzó la mano y respondió:

-Chocolate con chocolate, pepino con chocolate y chocolate con pepino.

La multitud aplaudía estrepitosamente.

-¿Cuál es la comida más deliciosa que pueda haber? 

Muchísimas voces daban opciones curiosísimas, pero la ganadora fue:

-¡Los libros! -Y la muchacha se metió a la boca un centenar de libros en fila, el público se puso aún más loco (si eso era posible) y la señora de rojo no paraba de aventar obsequios.

Un libro con el título "Alicia en el País de las Maravillas y Alicia a Través del Espejo y lo que Encontró Allí" rodó hasta mis pies. Yo no lo tomé, lo tomó la misma personita que me había dado la rebanada de tarta, a un lado de ella todavía permanecía la charola. La miré, sonreí, recordé que ella me había ayudado a cortar la puerta del árbol y le dije aliviada:

-Antes creía que el País de las Maravillas era un lugar aterrador, ahora me parece divertido.

-Es divertido. -agregó, cuando de repente se apagaron todas las luces.

En el centro del salón la admiré, era Alicia. Tomó un micrófono en su mano y entre las sombras brincoteó como caperuza, narrando su historia con el tono de voz demasiado acelerado, no podía entendérsele. Apreté fuerte a mi personita en un extraño intento de abrazo, ocultando mis ojos tras su suéter y sintiendo un escalofrío terrible recorriéndiome logrando a su vez que mi respiración se alterara y se intensificara más y más.


El moño negro rebotaba sobre su larguísimo cabello amarillo, el brillo azul de su vestido sobresalía en la oscuridad, pero jamás le vi el rostro ni supe si era o no la Alicia correcta, sólo esperé apretujada en ese suéter a que las luces se volvieran a encender, a que Alicia se fuera y mi respiración regresara a la normalidad.


Pasó todo lo suficientemente aprisa y cuando al fin me despegué de ella me miró severa y dijo: "Es hora de irnos." Asentí con la cabeza y apresuré el paso para salir del salón, sin embargo... me faltaba una cosa por hacer.


No podía irme así nomás, no al menos hasta haber probado la azul tarta. Corrí hasta la habitación del librero y encontré mi rebanada con mordiscos, no me importó ni un poco y me la metí a la boca. ¡Pum! crecí unos centímetros, mi cabeza casi llegaba al techo; intenté comer un poco más. ¡Puuum! me di un topón en la cabeza y entendí que eso sería muy peligroso, si mi cabeza atravesaba el techo de seguro dolería, por lo que subí las escaleras hasta llegar al segundo piso, pretendiendo atravesar el piso con los pies y no el techo con la cabeza. 


Ese segundo piso era bastante peculiar. Dos o tres libreros, sillones alargados en tonos rubí con detalles dorados, algo así como el estilo victoriano; también había un piano y dos sujetos sentados frente a una mesa bebiendo, frente a mi -y he ahí lo interesante- un hombre vestido de militar delante a un gran ventanal me miraba con extrañeza. 


-¿Qué cree usted que pasaría si me como toda la tarta? -le pregunté.  


-Bueno -empezó a decir con un aire de intelectual- seguramente traspasarías la casa por arriba y por abajo, eso sería muy incómodo para ti, porque la casa quedaría en tal ángulo que colgaría de ti como un vestido.


Miré al hombre unos segundos más y me atraganté con la tarta sin hacer otra pregunta. Creo que también debería mencionar que su sabor no era en lo más mínimo esplendoroso, sabía medio a crema y a mermelada de mora nada más. 


Traspasé la cosa como el hombre predijo y me sacudí un poco por el estirón. Podía divisar el valle entero y necesitaba más tarta para crecer cuanto quería. Metí mi mano por una ventana y tomé al hombrecillo por los pies, le vacié los bolsillos y ¡Nada!, después hurgué en unas cajas del segundo piso y sólo hallé dulces de coco. Caminé enfadada, con los puños apretados y la casa colgando hasta que... hasta que desperté.


Esa fue la primera vez que visité al País de las Maravillas, no voy a conseguir olvidarlo nunca. Esto pasó unos días atrás y aún ese sueño no sale de mi mente. Lewis Carroll nos dejó un mensaje claro y aterrorizador: Él no inventó el País de las Maravillas como se supondría lo hace un escritor, él lo soñó durante años y durante esos años la historia se escribió por sí misma.


Mi sueño "maravilloso" fue por la tarde, entre 5:00 y 8:00pm... por otro lado, a eso de las 11:00pm ocurrió algo más. Pero eso lo dejaré para otro día. Dulces sueños.